Nuestra música sabanera en desventaja

Por Alfonso Rafael Muñoz Pérez.- Columnista invitado…
Siempre he pensado que la música de acordeón en Colombia tiene dos pulmones; uno en el Valle del Cacique Upar; otro en las ubérrimas Sabanas del antiguo Bolívar Grande. Juglares los hay allá y acá. Y los de acá son tan buenos, que nada tienen que envidiarle a los de allá. Eso sí, y es muy cierto; allá, en el Valle de la Cacica Consuelo y del Maestro Escalona, se han apropiado hasta de nuestra propia música sabanera, la han acomodado a su estilo vallenato, y le han hecho creer al mundo entero que todo lo que en Colombia se genera en formato de acordeón, es vallenato.

Hoy, los mismos sabaneros lo admitimos “tranquilamente”. Los vallenatos, sutilmente, han ido borrando del mapa los aires sabaneros en acordeón y hoy son ellos, los guajiros y vallenatos, los amos y señores de un género musical que el universo identifica como vallenato. Triste que el otrora majestuoso Festival Sabanero del Acordeón, aquí en Sincelejo, esté tan politizado y haya revivido con timidez y cierta frialdad. Por lo visto, seguirán reinando los guajiros y vallenatos, con su VALLENATO, y nosotros, los sabaneros, por bobos, politiqueros y con muy poco amor por lo nuestro (qué vergüenza), por fuera del baile como si nuestros aires sabaneros en formato de acordeón, fueran una cosa de poca monta.

Instrumentos de música sabanera : Foto Cortesía
Instrumentos de música sabanera : Foto Cortesía

Es una triste verdad, nos hemos dejado poner el pie en el pescuezo de unos vallenatos (cesarenses, valduparenses, guajiros, riohacheros, villanueveros y urumiteros, entre otros) que saben que el OTRO PULMÓN SÍ EXISTE, pero que ellos se han encargado de empañar y desdibujar (acabar) a como dé lugar. Ojalá a alguien aquí en Las Sabanas se le ocurra ponerle alma, vida y corazón al rescate real de nuestra bella música sabanera en acordeón que hoy está de capa caída. Y tan rica y sabrosa que es, pero como las mismas estaciones de radio de Sincelejo sólo muelen vallenatos, ya nuestro propio acordeón sabanero nos parece la cosa más extraña del mundo. Cierto, no nos gusta el acordeón sabanero; nos gusta, y mucho, el acordeón vallenato. La generación actual crecerá bailando a ritmo de vallenatos, cantando y bailando vallenatos.

Lo sabemos, en unos añitos más, del ACORDEÓN SABANERO, ni el rastro. Ojo, no es que me muestre en contra de la música vallenata. No; esa no es la idea. Lo que en el fondo quiero decir es que saquemos la cara por nuestra música sabanera y la ubiquemos en el sitial que se merece, para que el mundo entero sepa de una vez por todas que la música de acordeón en Colombia tiene DOS GRANDES PULMONES; uno en La Guajira y el Cesar, y otro en Sucre, Córdoba y Bolívar (acordémonos de los Montes de María con Adolfo Pacheco y Andrés Landeros, entre otros muy buenos). ¡Reaccionemos, carajo! Bailemos, sí, los sabrosos vallenatos (no estoy en desacuerdo), pero disfrutemos al máximo de nuestras exquisitas y magistrales canciones sabaneras. Quiera Dios que mis palabras lleguen a los oídos de los organizadores del apoteósico Festival de la Hamaca Grande en la paradisíaca Cartagena de Indias.

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